El gobierno del Reino Unido ahora está reevaluando su plan de aumento de los impuestos sobre el combustible, inicialmente fijado para septiembre, ya que las crecientes tensiones en Irán contribuyen al rápido aumento de los precios de los surtidores. El primer ministro Keir Starmer confirmó la revisión durante el interrogatorio parlamentario, reconociendo la creciente presión para abandonar el cambio de política.
Contexto del cambio de política
La congelación del impuesto al combustible, actualmente de 52,95 peniques por litro, se implementó por primera vez en 2022 bajo el entonces canciller Rishi Sunak como respuesta al aumento de los precios relacionado con la guerra en Ucrania. La medida fue diseñada para brindar un alivio temporal a consumidores y empresas. El actual conflicto en Irán, que restringe las exportaciones de petróleo crudo, está creando ahora una presión inflacionaria similar.
Los precios del petróleo han subido de 55 dólares a principios de año a alrededor de 90 dólares por barril, lo que hizo subir los precios promedio de la gasolina y el diésel 6 peniques y 12 peniques, respectivamente, apenas la semana pasada. Los precios del diésel están ahora en su nivel más alto en casi dos años, según el RAC.
Postura del gobierno y proyecciones de ingresos
Si bien Starmer indicó que se está llevando a cabo una revisión, no llegó a comprometerse a una reversión total, sugiriendo que los esfuerzos diplomáticos para reducir la escalada del conflicto con Irán son la solución más efectiva a largo plazo. El aumento planificado se implementaría gradualmente a lo largo de tres años, alineándose con el índice de precios minoristas (RPI), y en última instancia llevaría el impuesto a al menos 57,95 peniques por litro.
La Oficina de Responsabilidad Presupuestaria (OBR) proyecta que este cambio generará ingresos sustanciales para el gobierno: £200 millones adicionales en 2026-27, alcanzando un máximo de £26 mil millones en 2028-29. Sin embargo, la OBR también prevé que estos ingresos disminuirán en £900 millones de libras esterlinas para 2030-31 a medida que se acelere la adopción de vehículos eléctricos (EV).
Consideraciones fiscales a largo plazo
La OBR advierte que mantener la congelación plantea un riesgo fiscal, ya que los ingresos por impuestos sobre el combustible disminuyen naturalmente con el cambio a los vehículos eléctricos. Actualmente, los impuestos sobre el combustible representan el 0,7% del PIB, pero se prevé que caigan a sólo el 0,1% para 2050-51, cuando se espera que los vehículos eléctricos dominen el mercado.
El gobierno camina en la cuerda floja entre las preocupaciones inmediatas sobre el costo de vida y la estabilidad de los ingresos a largo plazo. La situación pone de relieve la creciente volatilidad de los mercados energéticos mundiales y la necesidad de una planificación fiscal sostenible en un panorama automovilístico que cambia rápidamente.
La revisión de políticas refleja una difícil compensación entre las presiones económicas de corto plazo y la transición más amplia hacia un transporte más limpio. El resultado probablemente dependerá de la rapidez con la que se estabilice la crisis en Irán y de la agresividad con la que el Reino Unido siga presionando para que se adopten los vehículos eléctricos.
